Tu Proyecto de Vida Sana y Feliz

Un proyecto de vida sana y feliz, tanto individual como familiar es necesario para el buen funcionamiento de la persona. En los diferentes estudios y encuestas que hemos hecho sale a relucir que el contar con tal plan y objetivo para la vida es uno de los mayores factores para combatir el sufrimiento y los problemas que acontecen a las familias a diario.

Si entendemos que nuestra vida es un caminar, tenemos que pensar en un plan de vida como un mapa para llegar al destino que queremos para nosotros. Como cristianos, sin duda este destino final tendría que ser la santidad. Para llegar a este objetivo que nos llevaría a una eternidad con Dios, es necesario hacer viajes más cortos.

Un proyecto de vida apunta más bien a estos viajes más cortos que pueden ser de uno, dos, cinco o más años. Nuestra vida va cambiando dependiendo de las circunstancias. Aunque el objetivo final siga siendo el mismo, el plan – o proyecto – de vida tiene que cambiar también para adecuarlo a nuestra nueva realidad. Si no podríamos hacernos esclavos de este plan y no acomodarlo, ni aprovechar, a las circunstancias reales de la vida.

En especial es importante hacer un proyecto de vida en los momentos de cambio de la vida. La década de los 40 es tal momento particularmente en las mujeres. Muchos médicos llaman a esta etapa la segunda juventud debido a los cambios hormonales de la peri-menopausia y las características físicas y emocionales que los acompañan. Por eso es importante tomar un momento para ver si nuestra vida está bien encaminada hacia la meta que deseamos.

Si no lo hemos hecho antes, éste es un buen momento para empezar este proyecto de vida sana y feliz. Tenemos que fijarnos en nuestra salud integral – tanto de cuerpo, mente y alma – y en nuestra felicidad. Los creyentes sabemos que Dios quiere que seamos felices, incluso a pesar de padecer enfermedades de cuerpo, emociones o mente. Muchas veces nuestros padecimientos sin embargo nos separan de esta felicidad que podemos alcanzar. De esta forma es importante poner todo lo que está de nuestra  parte para poder alcanzar esta salud integral. Esto implica cuidar nuestro cuerpo, emociones, mente y también alma para intentar evitar que se den circunstancias o problemas que nos separen de la felicidad.

Esto no se puede hacer fácilmente de golpe ni a muy largo plazo. Por eso quizá es bueno empezar con pensar en un primer año del proyecto de vida, y ver cómo estamos ahora y que objetivo queremos alcanzar al final de este año. De esta forma podremos mejor sopesar que tenemos que hacer en los diferentes aspectos de nuestra vida. Con la experiencia que tenemos en todos los eneros sabemos que si nos ponemos un objetivo vago, no específico, o inalcanzable, sería muy difícil alcanzarlo.

Un proyecto de vida tiene que ser personal y a la vez familiar para aquellos que tienen familia. Cualquier proyecto individual tiene que estar dentro del contexto que nos rodea, especialmente la familia.

La primera pregunta que nos debemos hacer como parte del proyecto es quiénes somos realmente. Necesitamos hacer un examen profundo de donde nos hayamos, cuales son las circunstancias de la vida que nos han llevado hasta aquí, como es la realidad de nuestro cuerpo, de nuestra edad. Por ejemplo, nuestra edad, que familia tenemos, de que familia venimos, nuestra educación, o si vivimos o hemos vivido en el campo o la ciudad, que tipos de ejercicios podemos hacer, cuales son los cambios físicos que podemos esperar en nuestra edad, que peso o talla es el más correcto para nosotros como individuos, y un largo etcétera.

A continuación tendremos que evaluar las áreas principales de nuestra vida actual:

•           Nuestros valores e ideales vocacionales: Qué vocación tenemos, matrimonial, religiosa, de solteros y que valor le damos a esta vocación divina.

•           Vida en familia o comunidad: Si tenemos una familia (esposos o hijos), tenemos que ver qué significa para nosotros esa familia. Y lo mismo la comunidad a la que pertenecemos, que puede ser la comunidad parroquial o de la iglesia a la que pertenecemos. Examinaremos que influencia tenemos nosotros sobre su salud (física, mental o emocional y espiritual) y ellos sobre la nuestra.

•           Vida de oración: Qué importancia le damos a la oración en nuestra vida, oración personal y oración en familia.

•           Vida de apostolado: No estamos solos en el mundo y amar al prójimo, con acciones, es imprescindible para la vida del cristiano. Este apostolado puede tomar muchas formas, en la casa, en el trabajo, en la iglesia, en voluntariado, pero tenemos que tenerlo en cuenta para nuestro proyecto.

•           Vida laboral: El trabajo es una parte muy importante de nuestra vida y no lo podemos dejar de lado cuando hacemos un análisis de ésta. Aquí podremos pensar como vemos nuestro trabajo, si ejercemos nuestras virtudes cristianas, si es parte de nuestro apostolado.

•           Vida Saludable: Solamente tenemos un cuerpo al que tenemos que cuidar. Tenemos que ver si lo estamos haciendo bien. Si tomamos las medidas preventivas para que algunas de las enfermedades más comunes entre las latinas como la diabetes o problemas cardiovasculares no nos afecten debido al sobrepeso u obesidad. Tenemos que hacer un plan que implique visitar al médico, un nutricionista y un equipo de apoyo para que nos dirijan a los objetivos deseados.

Cada una de estas áreas requiere una evaluación de cómo nos vemos en estos momentos en ellas, desde un punto de vista personal y desde un punto de vista familiar.

Para cada una de estas áreas entonces nos debemos de hacer dos preguntas, a nivel personal y también familiar:

•           ¿Cómo me siento o evalúo en cada una de estas áreas de mi vida?

•           ¿Cuáles son mis logros personales en cada una de ellas?

Con las contestaciones a estas tres preguntas (quienes somos, como nos sentimos en las diferentes áreas y qué logros hemos alcanzado) podremos empezar a caminar en nuestro proyecto de vida sana y feliz. Estos primeros pasos no son rápidos ya que muchas veces requieren desaprender lo aprendido y hacer que nuestras nuevas acciones y decisiones se conviertan en rutina. Durante este tiempo podemos ir avanzando en los siguientes tres pasos del proyecto que implicaría analizar que dificultades tenemos, cómo superarlas y cuáles son los factores que nos han hecho estar donde estamos en cada uno de estos aspectos.

Con esto podemos formular el objetivo principal de nuestro proyecto de vida sana y feliz durante ese primer año teniendo en cuenta ese diagnóstico personal que hemos hecho. Claro que no lo podemos, ni debemos, hacer solos; por lo que también tendremos que considerar como nuestra familia y nuestra comunidad nos puede ayudar a la vez que ser partícipe de este proyecto.

Con este objetivo señalado, los creyentes buscaríamos el marco doctrinal en el que podemos inspirar nuestro proyecto. La fe y las virtudes que la acompañan son muy importantes para mantenernos dentro de este proyecto y darnos fuerzas en los momentos que flaqueemos.

Este objetivo lo tendremos que dividir en objetivos intermedios que nos ayuden a alcanzar la meta final. Para llegar a cualquier meta hay que dar muchos pequeños pasos y tener escalas en medio del camino que nos permitan valorar si estamos en buen rumbo o si tenemos que corregir algo.

Por último, debemos de ver cuáles son los medios que necesitamos para alcanzar nuestro objetivo y llevar el proyecto a buen final. Estos medios pueden ser simplemente el apoyo de un grupo, unos profesionales que nos aconsejen, saber cocinar y comprar mejor, unos estudios nuevos, un tiempo y lugar de meditación y oración, o un sinnúmero de medios que tenemos que individualizar para nuestro objetivo y circunstancias.

Así solo quedaría ir evaluando el proyecto periódicamente y una vez alcanzado el objetivo ponernos otro aún más alto que nos lleve a una vida más sana, más feliz y también más santa, para nosotros y nuestros seres queridos.

Pero la vida de santidad nuestra y de nuestros seres queridos queda para otro libro que ya hay bastante trabajo en éste.


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